En aquella época, este singular personaje creó un antídoto capaz de inmunizar a un ser
humano contra todos los venenos.
Desde niño su madre intentó asesinarlo, pues la reina
prefería a su otro hijo para que gobernara el reino.
Pero antes, esa ambiciosa mujer ya había envenenado a su
esposo, el padre de Mitrídates VI.
El joven, aterrorizado, a los ocho años, huyó al bosque donde
vivió como un salvaje y comenzó a consumir dosis
inofensivas de venenos para mejorar su resistencia.
Recorriendo montañas y páramos, recolectó y consumió
compuestos naturales tóxicos. Se fortaleció ante la falta de comida, se
inmunizó contra los venenos y dio con la fórmula de un antídoto universal que
se llamó: mitridato. Contenía alrededor
de 54 sustancias y pesaba unos dos kilogramos.
Fue probado en delincuentes por orden del rey. Y así, quien sobrevivía a un envenenamiento era liberado.
Cuando Mitrídates VI regresó
a su reino, como un guerrero indomable, mató a su madre y hermano y venció a
dos grandes generales romanos.
Casi invencible durante toda su vida, fue derrotado por
Pompeyo Magno en la tercera guerra mitridática.
Pero antes de entregarse, prefirió suicidarse tomando
veneno, que para su sorpresa no le hizo efecto. Entonces, pidió a sus oficiales
que lo ejecutaran con una espada.
La fórmula del mitridato se perdió con su muerte.
Médicos y científicos no han podido descifrar la receta
exacta del mitridato.
Algunos investigadores indican que tal vez contenía opio y
veneno de víboras. Pero, nunca se conoció su verdadera composición.
Un investigador ruso le siguió la pista para crear un moderno
mitridato, pero todo intento fue en vano y la fórmula continúa siendo un enigma.
Mitrídates VI jamás
pudo ser envenenado y pasó a la historia por inventar un antídoto universal
basado en la magistral mezcla de 54 sustancias
naturales.

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