domingo, 22 de noviembre de 2020

Una crema con más de 2000 años

 
Las cremas faciales o corporales son tan antiguas como la historia de la humanidad.

Hace más de 2000 años las mujeres romanas se cuidaban con coquetería y aspecto era algo primordial.

Utilizaban gran variedad de cosméticos, maquillajes y perfumes.

Y dedicaban mucho tiempo al aseo, vestimenta y peinados imposibles.

Aunque, sin duda, el cuidado del cutis era lo esencial.

Los cánones de la belleza romana aconsejaban a la mujer tener una piel impecable y, sobre todo, blanca. Esto último se consideraba un signo de sofisticación.

Prueba de ello es el hallazgo de un pequeño tarro encontrado en el yacimiento de un templo romano en Inglaterra. 

El potingue, media unos seis centímetros de diámetro y conserva  aún las huellas de su propietario  o propietaria. Estaba en muy buenas condiciones y apenas tenía signos de descomposición. Eso sorprendió a los arqueólogos, que nunca habían visto un cosmético tan bien conservado.

El tarro en cuestión se encontraba en perfecto estado, era hermético, la tapa se ajustaba muy bien y estaba hecho de estaño, un metal precioso en la época. Se utilizaba por sus propiedades no tóxicas en un tiempo en que ya se sospechaba que el plomo era nocivo.

El hallazgo dejaba claro que el antiguo dueño o dueña de la crema era alguien de alto nivel adquisitivo.

Parecía un ungüento para blanquear la piel. Lo que era el gran objetivo estético de la Antigüedad.

Según los investigadores contenía grasa de vaca u oveja, estaño y almidón. Determinaron que la crema era de alta calidad y muy parecida a los cosméticos fabricados en la actualidad.

Todo hace suponer que se trataba de un cosmético muy elegante y extremadamente sofisticado.

Para aquella época debió considerarse ¡lo máximo! 

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