Esta fórmula incendiaria, casi mágica, no necesitaba energía
externa para comenzar su combustión.
Los ingredientes de esta arma líquida son motivo de debate.
Algunos análisis señalan que podría contener: petróleo crudo, cal, azufre y
resina de pino. Pero nadie conoce con certeza su verdadera composición.
Conocida como fuego griego, la mezcla fue utilizada para
defender Constantinopla de las agresiones musulmanas.
El líquido era rociado con sifón y al caer en las naves
enemigas causaba un voraz incendio sobre el mar.
El fuego se avivaba con el agua y era imposible controlarlo.
Los soldados enemigos le tenían pavor, lo consideraban una
brujería que los llevaba directos al infierno.
En el siglo XIII, durante la cuarta cruzada, el Imperio fue
vencido y la fórmula, celosamente guardada, desapareció para siempre.

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