El nuevo modelo permitía el uso del baño cuando la nave estaba
sumergida a gran profundidad.
Quien hiciera uso del retrete debía estar acompañado de un
técnico en inodoros, que se ocupaba de jalar la cadena y supervisar su buen funcionamiento.
Un día, cuando el submarino navegaba a unos 60 metros de profundidad, el capitán de la nave decidió ir al baño solo.
Siguió el instructivo, que venía con el inodoro y se ocupó
de vaciar sus residuos.
Pero algo salió mal y rápidamente llamó al técnico, que sorprendentemente,
empeoró la situación.
Un enorme chorro de agua salada comenzó a inundar todo, se
mezcló con el ácido de las baterías y se formó un gas tóxico.
El submarino completamente dañado comenzó a hundirse y el capitán
ordenó abandonar la nave.
El caos causado por el desperfecto en el inodoro provocó la
pérdida total del submarino alemán U-1206.
La nave se hundió frente a la costa de Escocia y los sobrevivientes fueron apresados por el ejército inglés.
